El Cristo de la Sang

Ya estamos en marzo. Apenas queda un mes para la semana santa.

Y es una pena, pero de nuevo este año va a ser una semana santa deslucida, sin procesiones. La ilusión y el trabajo de muchísimas personas, cofradías, comerciantes… topa de nuevo con la cruda realidad de un virus que se tantas almas y hábitos de vida se ha llevado.

Me considero católico practicante, aunque quizás no con la frecuencia que debiera “practicar”. Recuerdo desde que era niño el aroma de la Pascua que se respiraba en el ambiente. La gente sacando las sillas a la calle para conseguir un buen sitio, las prisas de los descuidados o de los que trabajaban hasta última hora por conseguir un hueco para ver en procesión a las hermandades e incluso el rechinar de las ruedas de los vehículos en los días posteriores a las procesiones debido a la cera acumulada en el pavimento.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, aunque el ritual sigue inalterado. Respetuosísimo silencio entre los feligreses, los cofrades que portan los estandartes de la hermandad abren la comitiva, seguidos de los que llevan las antorchas o faroles. Tras ellos los penitentes, que portan los enormes velones a un lado. Les acompañan los cofrades más jóvenes de la hermandad, que van recogiendo con una pala de madera los restos de cera fundida. Finalmente, el paso, sobre ruedas o a lomo de los sufridos y devotos costaleros con la imagen venerada, y cerrando la comitiva los encargados de cada hermandad y las mujeres que visten de riguroso negro con su mantilla. Tras ellos, la banda de música, que va tocando al ritmo de la “levantada” de los pasos.

Existe en Mallorca una fuerte devoción por la Mare de Déu de la Salut o la Verge de Lluc, pero si hay una imagen que goza de especial veneración es la del Cristo de la Sang. Esta talla, realizada en madera de alcornoque y yeso, tiene un peso de unos 50 kg y, aunque no se conoce su autor, sí sabemos que ya procesionaba hacia 1564. De estilo barroco, con la cabeza ladeada hacia la derecha y luciendo una peluca de pelo natural, podemos encontrar la imagen del Crist de la Sang en la iglesia del mismo nombre, ubicada en el recinto del Hospital General. Se accede a la capilla que lo alberga por unas escaleras laterales, que dan a un camarín barroco situado entre columnas.

En diciembre de 2002 la talla sufrió graves desperfectos cuando una persona se abalanzó sobre la misma y la precipitó al suelo, hecho que hizo crecer aún más el fervor y devoción por el Cristo de la Sang. La reconstrucción se llevó a cabo en los talleres diocesanos por decisión del propio obispo de Mallorca, don Teodoro Úbeda y fue sufragada por el Consell de Mallorca, quedando los trabajos terminados un año más tarde. Por dicho motivo y desde entonces, una gran mampara de cristal la protege.

En miércoles santo se realiza el “davallament” o descendimiento de la imagen desde su camarín y es llevada delante del altar mayor, donde se deposita para su veneración y desde donde aguarda hasta la gran y solemne celebración de jueves santo, cuando tras cruzar el patio de los naranjos es elevado al cielo para cerrar la gran procesión de la semana santa mallorquina, al amparo de la luz de las velas y escoltado por miles de almas que, fieles cada año, la velarán hasta llegar a la Seu.

Tendremos que esperar a 2022, si Dios quiere, para ver de nuevo el rostro del Cristo en procesión. Hasta entonces guardaremos nuestras lágrimas de tristeza para que rebroten, henchidas de emoción, cuando llegue su hora.

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